La Navidad desde la Filosofía Montessori

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Cuando tenemos hijos la época de navidad cobra una nueva dimensión. Es una oportunidad perfecta para reencontrarnos, compartir, cocinar juntos, preparar regalos, viajar. Y, es que la magia de la navidad renace al estar rodeados de las personas que realmente nos importan más allá de las historias que rodean este momento.


El significado de la Navidad es el que le damos según nuestras experiencias vividas. Si nuestra experiencia ha sido buena, nos hace mucha ilusión trasladar ese sentimiento a nuestros hijos, entendiendo que hay muchas formas de celebrarla. Esa es la riqueza del mundo, distintas tradiciones, distintas personas y distintas formas de percibir la vida.

Hablar de la Navidad desde la Filosofía Montessori, a muchos de nosotros nos genera conflictos internos en base a lo que está bien o está mal y nos causa muchas dudas. Como adultos queremos vivir la magia por un instante, apartarnos de la realidad a través de las historias que creamos y no pensamos en todo lo que significa trasladar este mundo mágico a nuestro hijos.

Y, ¿Cómo abordar la magia que envuelve estas fiestas?

Es muy importante ser sinceros con los niños, desde el primer momento. De esta manera estamos creando bases sólidas en la relación padres/hijos. Explicar a un niño la verdad sobre cualquier tema, ayuda a crear una relación sana. En una relación donde no se oculta nada, donde todo es transparente y no hay contradicciones, se genera la confianza del niño en sus padres y en su entorno. Si toda la vida has vivido rodeado de mentiras será mucho más difícil ser un adulto confiado.

La ilusión de un niño no se tiene que buscar. Un niño es capaz de emocionarse con la realidad.

 
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La imaginación es la capacidad para concebir ideas a través de la realidad o de lo que cada uno ve. Lo que hacen los artistas por ejemplo; a través de lo que sienten y ven, crean.

La imaginación nace en la mente del niño a través de la información que ha recibido del mundo real. Por ejemplo, con una caja de cartón es capaz de construir una casa o un cohete, o cualquier otra imagen previamente conocida.

A veces creemos que la fantasía fomenta la creatividad y la imaginación, pero justo lo contrario. La fantasía no aporta nada en edades tan tempranas, porque para los niños la fantasía es real, ellos lo creen de verdad. Esto no es sinónimo de que la fantasía sea mala o que nunca podrá tenerla, es que hay que entender cuál es el momento ideal para absorber este concepto.

El cerebro del niño, hasta los 5-6 años no está maduro. El niño no imagina, CREE EN LAS COSAS REALMENTE. Por ejemplo, si le dices que ves un gato volar, él va a mirar al cielo pensando que va a ver un gato volar. Será a partir de los 6 años que el niño tendrá la capacidad de pensamiento abstracto y podrá diferenciar la realidad de lo imaginario.

La fantasía no es mala, solo hay que preparar al niño para que pueda absorberla adecuadamente. Cuando él sea capaz de recibir información y llevarla al plano de lo abstracto, allí podrá fantasear, entender la metáfora o el doble sentido de algunas frases o palabras que usamos de forma cotidiana.

Según María Montessori en el discurso que dio en la Child Studio Society, una educación basada en la realidad prepara al niño para que pueda recibir el mundo de forma exacta y precisa.

La primer infancia, ocurre en el período de 0-6 años, en esta etapa el niño vive en su primer plano de desarrollo un período de FORMACIÓN TRASCENDENTAL. En esta etapa su mente es ABSORBENTE, absorbe todo lo que le rodea de forma inconsciente e instantánea y lo encarna en su propio ser.

En esta etapa se están asentando las bases del hombre. Se está creando la mente lógica. El niño absorbe, almacena y su mente va creando conexiones que le permiten tener más o menos orden mental, dependiendo de lo que viva y de cómo pueda organizar el niño las experiencias que recibe de su ambiente.

Por eso en esta etapa, desde la filosofía Montessori, se mantiene al niño siempre en la realidad. Una realidad que se le trata de presentar, a través de su ambiente, de la forma más accesible y lo más ordenada posible para que su mente pueda ir organizando conceptos. De esta primera organización dependerá nuestra claridad, nuestra organización mental y nuestra estructura cerebral el resto de la vida. Esta no es una etapa cualquiera en la vida del ser humano. Es la gran etapa, la etapa de la formación del hombre.

La Verdad siembre

acaba por saberse.

Y aunque la mentira haya sido “piadosa” y sin mala intensión, ese momento cuando uno se encuentra cara a cara con esa verdad, se desilusiona y genera desconfianza en el futuro. Cuando finalmente el niño descubre que Santa o los Reyes son los padres, su razonamiento alcanza un determinado nivel que le lleva a la conclusión de que todo es falso, de repente parece que el niño ya no es niño, porque ha construido ilusiones sobre cosas imaginarias. Se destruyen, no sólo esos razonamientos lógicos que el niño tenía construidos en su imaginación, si no otros sobre la confianza en las personas, sobre la mentira, sobre la manipulación y sobre los valores.

Decir la verdad tanto a niños como en nuestras relaciones adultas supone darle valor a esa persona y confiar en su inteligencia. Además con la verdad ayudamos a que los peques aprendan sobre la vida real, dando razonamientos cortos y sencillos para que aprendan a razonar y a comprender el funcionamiento de las cosas. Con explicaciones ficticias el niño también va estableciendo razonamientos, la diferencia es que SU realidad no va a coincidir con la realidad, con lo cual, muchos razonamientos serán erróneos, contradictorios, dispersos, distorsionados y esto aleja al niño de un orden mental.

Como decía nuestra mentora Maria Montessori, los niños aprenden más del ejemplo que damos, que de lo que les decimos. No podemos pretender tener hijos honestos y sinceros, si nosotros mismos manipulamos sus ilusiones, mentimos, y les construimos todo un mundo imaginario paralelo.

Los niños van creando su modelo de razonamiento, sus conexiones neuronales y su modo de ver el mundo a medida que crecen. Lo que realmente es complicado, es afrontar el día en el que se tenga que borrar todo en lo que se creía para empezar a construir una nueva realidad.

Los libros con cuentos son nuestros mejores aliados a la hora de explicarle a los niños cuestiones complejas que no sabemos manejar.

Una relación sincera con nuestros hijos les proporcionará seguridad.



Lo más importante al momento de abordar la Navidad en la familia es encontrar un equilibrio entre lo que deseamos, lo que nos hace felices y lo que creemos que es correcto para nuestros hijos.

Recuerda siempre que la Magia de la Navidad está en nosotros, en el ambiente que generamos en el hogar y en nuestro grupo familiar, en compartir el amor y disfrutar.

Éstas son algunas ideas para compartir ésta época en familia desde la experiencia real:

  • Celebrar la unión compartiendo momentos de calidad con los niños y la familia.

  • Hablar siempre con lógica, sin confundir al niño.

  • Decorar juntos la casa.

  • Construir adornos.

  • Fabricar regalos en casa, hacer felicitaciones navideñas con la participación de los niños.

  • Cocinar juntos.

  • Preparar bandejas sensoriales con conceptos navideños.

  • Hacer juegos en familia.

  • Hablarles sobre las distintas formas de celebrar la navidad. Puedes apoyarte en cuentos para niños que puedes conseguir en muchas librerías.

  • Construir un calendario de adviento para preparar al niño para la noche de navidad. Puedes construirlo con muchas ideas que hay en internet, poner dentro mensajes con los valores que quieres transmitir, galletas, chocolates, etc. Los niños se lo toman como un juego, les genera emoción y entrenan su sentido de la paciencia.



 
 


Lo más importante es, ser coherentes con el concepto de Navidad que decidamos transmitir en el hogar y vivirlo desde nuestra realidad con amor.

En conclusión, como todo en la vida nada es blanco o negro. Cada familia tiene que seguir su corazón y todo lo que se hace con AMOR es lo mejor. No hay una sola forma de hacer las cosas, saber que los regalos son de mamá y papá o si los trae Santa o Los Reyes, no hace que las fiestas sean más o menos lindas. La tradición, las emociones que depositamos en estos días, el amor que nos genera juntarnos con la gente que más amamos, los buenos deseos y el compartir es lo que hace que las fiestas sean lo que son. Y con conciencia sobre crianza, prueba y error, conocimiento y experiencia, poco a poco vamos a alcanzar nuestra mejor versión como padres.

¡Un abrazo familias y Felices Fiestas!

 
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